ORA PRO NOBIS
Recientemente
celebramos la fiesta de Jesús, Buen Pastor. El buen pastor, dice Jesús, da la
vida por sus ovejas[1], y
no solo da la vida por ellas, sino que piensa constantemente en ellas para que
puedan tener todos los cuidados necesarios. Con esta imagen podemos entender a
Jesús, que aún en el suplicio de la cruz, pensaba en sus ovejas, las que el
Padre había puesto en sus manos. En la cena pascual prometió quedarse con
nosotros en la Eucaristía, después de la Resurrección sopla sobre los Apóstoles
y les da el Espíritu Santo y el poder de perdonar los pecados, y en medio de
estos dos momentos importantes, ya cercana su muerte, continúa pensando en
todos sus discípulos, por esa razón al ver a su Madre junto al discípulo amado[2]
brotan los recuerdos de su infancia junto a ella en la casa de Nazaret, amor,
ternura, servicio, entrega, oración, escucha, obediencia… no hay duda, ella es
la indicada para quedarse con los discípulos hasta su regreso.
Jesús dijo al
discípulo: Ahí tienes a tu Madre[3],
entre líneas quiere decir, recibe a quien me crió y me ha acompañado durante toda
mi vida, ella me conoce y me ama, ella me ha cuidado y ha sufrido conmigo. De
esa manera asegura la perseverancia del discípulo en la espera del Maestro,
quien más tarde subirá al cielo y promete regresar. Esas palabras también están
dirigidas a nosotros, ya que por el bautismo somos discípulos de él y desea que
recibamos el auxilio maternal de María.
Desde esa
experiencia de entrega de su madre a todos los que le siguen, comprendemos que
ella ruega por nosotros ante su Hijo por nuestras necesidades y por la
perseverancia y la fidelidad en el seguimiento del que nos llamó para estar con
él.
La seguridad
de la presencia de María en nuestra vida y su oración por nosotros la
encontramos en el primer milagro que Jesús realiza en el Evangelio según San
Juan en la boda de Caná de Galilea[4].
Ella se acerca a su Hijo para pedir por la necesidad de los esposos en aprietos
por la falta de vino, ella pide por nosotros, ella ora por nosotros, nos conoce
y sabe nuestras carencias, y como madre diligente se apresura para ayudarnos.
María está
presente en todo momento en nuestra vida, sin embargo, durante el mes de mayo,
en la mayoría de las parroquias y en los hogares se multiplican los actos de
piedad dedicados a la Virgen María, es loable que en el seminario, casa de formación de pastores y maestros
espirituales, prestemos una especial atención a esta devoción puesto que María
forma parte de nuestra vida y está presente en el proceso formativo de los
sacerdotes.
Celebraremos
este mes de mayo con mucha devoción a nuestra Madre del cielo, pero con la
conciencia que debe ser una celebración que supere el sentimentalismo religioso,
y la búsqueda de elementos mágicos asociados con apariciones o revelaciones
personales. Nuestra devoción a María debe impregnar todas las dimensiones de
nuestra formación sacerdotal. Por ejemplo:
·
Desde la dimensión intelectual esta devoción
debe animarnos a realizar una seria y profunda investigación desde la
mariología, la exégesis y el magisterio, para comprender con profundidad la
presencia de María en la historia de la salvación.
·
Desde la pastoral se debe impulsar una verdadera
devoción a la Santísima Virgen María. La exhortación apostólica Marialis Cultus
nos dice que la piedad hacia la Santísima Virgen, subordinada a la piedad del
divino Salvador y en conexión con ella, tiene un gran valor pastoral y
constituye una fuerza renovadora en la vida cristiana[5].
·
María representa para la vida espiritual una
fuente de crecimiento progresivo del futuro pastor, puesto que al mirarla a
ella, la ve como ejemplo de discípulo y misionero, la mujer fiel y creyente, la
que cumple la voluntad de Dios y espera el cumplimiento de sus promesas, porque
para Dios nada hay imposible[6].
·
En el seminario apreciamos la vida comunitaria
porque ella es apoyo y seguridad para
los que caminan juntos en la presencia del Señor. Miremos a María que formó
comunidad con los discípulos en la espera de Pentecostés, no estaban reunidos
sin hacer nada, ellos perseveraban en la
oración y en la fracción del pan[7].
·
Para el progreso de nuestra dimensión humana,
María representa a toda persona, que llena de la gracia de Dios, comprende que
ha sido creada para participar en la vida divina, como proyecto de realización
personal y comunitaria, y encuentro con la felicidad. María se siente pequeña y
esclava del Señor, pero al mismo tiempo tiene la capacidad de cantar las
maravillas que Dios ha realizado en su vida[8].
Querida
comunidad no dudemos en acercarnos a María para recibir su amor maternal, para
pedirle que nos acompañe en la formación sacerdotal para que seamos pastores
buenos como su Hijo. Recordemos que ella ora por nosotros.
Propongo
aprovechar las comunidades de vida formada por los cursos para rezar juntos el
santo Rosario, meditar los pasajes del Evangelio donde María tenga alguna
participación, verla como modelo de pureza, entrega y obediencia, estudiar y
profundizar sobre los dogmas marianos y las cartas y exhortaciones sobre la
Virgen María. De igual forma propiciar momentos comunitarios para celebraciones
marianas.
Que María nos
guarde en su inmaculado corazón y ruegue por nosotros ante su Hijo Jesús. Amén
Maracaibo
4 de mayo de 2015
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