Homilía domingo 7 de septiembre 2014
En el inicio del año escolar
Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino Maracaibo
Un saludo fraterno a esta comunidad sacerdotal Santo Tomas de
Aquino. Al equipo que me acompañará en la labor formativa de cada uno de
ustedes que han sido vocacionados por Jesús para el sacerdocio es el siguiente:
P. Isaac Arrieta vicerrector de disciplina
p. Pedro Colmenares director espiritual
P. Carlos Villasmil quien continúa en la organización de la
dimensión académica como vicerrector académico.
P. Juan Navarro vicerrector de pastoral.
Y el P. Engelbert Jackson como vicerrector del propedéutico.
En el área administrativa nos estarán acompañando la Lcda.
Leomagda de Rojas, Lcda. María Guadalupe Romero de Rubio y el Sr. Juan Carlos
Acosta.
Saludos a la Sra. Vivian
de Pérez y Sr. Udón Pérez amigos muy cercanos a mi comunidad Emaús,
ustedes son como unos padres para Emaús, y ahora amigos del seminario, gracias
por venir.
Queridos hermanos Estamos comenzando el nuevo año escolar, y
les invito a verlo como una oportunidad para crecer personal y comunitariamente,
y al mismo tiempo, para continuar la
formación sacerdotal, cada uno en la etapa en la cual se encuentra, comenzando,
intermedia o finalizando.
Este año se me ha pedido un servicio de mucha responsabilidad,
ser rector de esta casa de formación sacerdotal, creo que aun estoy en shock
porque no pasaba por mi mente dirigir el seminario. Pongo a su disposición la inmensa
alegría que siento al estar con ustedes, mi deseo de trabajar por nuevas
vocaciones, por la vocación de cada uno de ustedes y un gran entusiasmo por
acompañarles en su proceso de formación, en verdad que todo esto es de mucha
ganancia porque al compartir con ustedes esta experiencia, se renueva mi
vocación, y así tendré más ganas de ser sacerdote y de servir a la Iglesia.
¡Que alegría! Jesús nos ha llamado con ternura, nos llamó del
grupo de miles de discípulos, para vivir una vocación maravillosa,
extraordinaria y sublime…nos ha llamado para ser sacerdotes, nos asocia a la
misión que comenzó con los doce Apóstoles siglos atrás.
Una misión que trajo renovación y transformación para todos
aquellos que lo escucharon y abrieron su corazón a su presencia, porque descubrieron
que el reino de Dios ya estaba entre ellos, cumpliéndose así lo anunciado por
los profetas, la llegada de los tiempos mesiánicos manifestada en sanación y
restauración del pueblo elegido.
Después de tanto tiempo, aún necesitamos restauración y renovación
de la fe en nuestros pueblos, necesitamos anunciar a Jesús como buena noticia, y
precisamente para eso nos llamó el Maestro. El se hace presente en el mundo
gracias a la Iglesia, gracias a los sacramentos, gracias al sacerdote, así él
lo ha querido.
Nuestra vocación es una respuesta al amor y a la misericordia
que él desea derramar en nuestros corazones, un día le escuché decir a Monseñor
William Delgado que nuestra vocación es la respuesta de Dios a la letanía de
muchos fieles que en sus parroquias piden con mucha devoción: Señor, danos
muchos santos sacerdotes.
Al recibir este regalo tan inmenso, tenemos la
responsabilidad de formarnos para ser buenos pastores, buenos maestros, buenos
confesores… nuestra meta es ser como Jesús, que pasó por el mundo haciendo el
bien y mostrando el rostro misericordioso del Padre. Nosotros hemos sido
llamados por Jesús para hacer el bien y mostrar el amor que Jesús tiene por la
humanidad.
Eso implica otra responsabilidad…morir a nosotros mismos, ser
odres nuevos, para que el nuevo vino, que es la gracia del Espíritu, se derrame
en nuestra vida y podamos ser reflejo del amor de Dios. Quedar transformados
por él para que seamos un instrumento perfecto en sus manos.
Queridos seminaristas, necesitamos sacerdotes
extraordinarios, sacerdotes 4X4 que puedan desenvolverse en todos los terrenos
y con todas las personas, que vivan el sacrificio en el día al día, hombres de
oración, de muchísima oración, de dialogo, sencillos, humildes, trabajadores,
estudiosos, ecuménicos, amables, alegres, marianos, Eucarísticos, fraternos, que
amén el arte en todas sus expresiones y descubran en él la belleza de
Dios, que no tengan miedo de saltar cañadas
y llenarse los zapatos de barro, de pasar sol y calor, necesitamos sacerdotes
que estén en sus parroquias, que preparen una buena homilía, sacerdotes
audaces, que inspirados por el Espíritu Santo desarrollen grandes proyectos de
evangelización, que enseñen, que acompañen y animen a los laicos para que vivan
su sacerdocio común, y caminemos juntos buscando la gloria de Dios.
Todo eso es posible si comenzamos en el seminario a
desarrollar todo el potencial que Dios nos ha dado. Con pena vemos la ausencia de
líderes en todos los niveles de la vida, no hay modelos, muchos jóvenes se
quejan de la falta de liderazgo. Tenemos que aprovechar el seminario porque
esta casa es la escuela de formación de líderes por excelencia. Sean líderes
como Jesús que siempre buscó la gloria del Padre, huyó de la gloria humana que
le ofrecían cuando cumplía su misión.
En el seminario hay muchas oportunidades para ser líderes.
Cada servicio por sencillo que sea te
ayuda en tu liderazgo. Muchachos aprovechen todo lo que hagan, las
coordinaciones, los equipos, los servicios, la música, lavar platos, limpiar…
no replieguen sus dones y carismas porque los han recibido para servir en la
Iglesia, no tengan miedo de hacer grandes cosas, de formularse grandes metas y
objetivos, Dios está con nosotros y en todo lo que hacemos él muestra su poder
y su gloria para que sigamos confiando en él.
Vengo al seminario con una meta muy clara, ayudarles a
descubrir el líder que posee cada uno de ustedes, despertarlo, pulirlo y
sacarlo al exterior. Quiero ver líderes por los pasillos del seminario, en las
aulas de clases, en el comedor, en el deporte, en cada rincón de nuestra casa,
líderes que tomen partido en la vida y en los problemas actuales. Pero ojo
lideres como Jesús, que cuando profetizaba algo ya lo estaba viviendo, que no
gritaba ni pasaba por encima del otro. Nuestras comunidades necesitan líderes,
los laicos necesitan líderes que los guíen hasta la presencia del Buen Pastor, y
esos líderes somos nosotros.
Hay tres frases que debemos erradicar de nuestro vocabulario
para que tengamos éxito en nuestro liderazgo:
1. “no me toca”. Jesús no le dijo al
Padre no me toca tomar esa cruz…que la tomen ellos…muchas cosas no le tocaban y
las hizo, le costó, pero lo hizo.
2. “no puedo”, Jesús tomo la cruz, una cruz muy pesada, con
ella llegó al Gólgota, y aunque tuvo la ayuda de un cirineo, pudo con todo. No
le dijo al leproso no puedo curarte, no dijo a la pecadora no puedo perdonarte.
3. “es imposible”. Si esa frase hubiera
estado en boca de Jesús, no habría resucitado, y nosotros estuviéramos muertos
por el pecado. Nada es imposible para Dios y nosotros somos sus instrumentos a
través de los cuales hace cosas extraordinarias. Amén
Destierren
de su vida la desidia, la mediocridad, el miedo, el desorden… todo eso lo único que produce es tristeza y
caos. No nos permiten avanzar ni crecer, y estoy seguro que nada de eso
queremos en el seminario.
La
palabra de hoy nos hace dos invitaciones. La primera es a vivir la corrección
fraterna como herramienta personal y comunitaria que nos permite ir asumiendo
en nuestras vidas los valores del Reino para ser personas nuevas, al mismo
tiempo nos ayuda a construir la vida del hermano, porque lo más importante es
corregir al hermano que ha errado y traerlo de nuevo a la vida de gracia. Que
nuestra corrección nunca sea para humillar o despreciar al otro, al contrario
debe ser un signo de misericordia y amor, de presencia de Dios.
En
segundo lugar nos asegura su presencia en medio de los que se reúnen en su
nombre, eso quiere decir que todos los días el Maestro está con nosotros en el
seminario porque aquí estamos sus discípulos y misioneros reunidos en su nombre
para alabarlo y adorarlo.
Querida
comunidad desde este momento que comenzamos un nuevo año, tengamos disposición
y apertura para recibir la gracia y la bendición que Jesús tiene preparado para
nosotros. Deseo que este año 2014-2015 sea el año del liderazgo, que seamos
líderes en todas las responsabilidades, que
nuestra meta sea ser líderes para el servicio y la comunión de nuestra
Iglesia.
Deseo
para todos un buen año de formación y de crecimiento para el bien de todos.
Que el
amor de María, Madre de los sacerdotes, esté en nuestros corazones y nos
acompañe hasta la presencia de su Hijo Jesús, sumo y eterno sacerdote. Amén
Pbro. José G. Pineda M
Rector
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